Le falta valor

Esa despensa parecía más bien un maletín de primeros auxilios: abiertas sus puertitas de par en par, dejaban ver vendas. Cuatro rollos sin empezar; del otro sólo quedaba el envoltorio, un papel transparente y hecho jirones. Tres inyectadoras, cuatro tapitas. Una de ellas estaba sola, y no protegía la punta de ninguna aguja. Seguir leyendo

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Mi abuela y Teresa

De lunes a sábado, a las dos de la tarde el mundo entero se detiene. O bueno, el mundo entero de mujeres de mediana edad y ancianas se detiene. O el de la oficinista que sale a almorzar tarde. O el de cualquiera que, por casualidad, un día prendió el televisor a esa hora y se quedó enganchado con la trágica (¿trágica?) historia.

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