RESEÑA: Una melena rubia, una lira y “La Canción de Aquiles”

ADVERTENCIA: Alto contenido de SPOILER… aunque si sabes algo del mundo homérico, hablar de SPOILERs no tiene sentido.

Escribir esta reseña fue algo extraño, una mezcla de seriedad y humor. No suelo tomarme las historias de amor demasiado en serio —o bueno, me encanta hacer bromas al respecto—, pero este libro tenía cosas de las que tenía tantas ganas de comentar propiamente que en algunas partes me puse poética sin darme cuenta… y se me fue de las manos. Así que no se sorprendan de las mariposas que escupí por ahí. Se puede ser graciosa y romántica a la vez.

Ante todo, debo decir —y ya se darán cuenta cuando lean la reseña— que este libro llegó a mi corazón. Me encantó, me dejó contemplando el vacío tras leer la última página, y hace mucho que eso no sucedía. No sólo Madeline Miller manejó de forma increíble épica griega, sino que además el lenguaje que usó fue casi poesía hecha prosa.

Pero, ¡alto! No dejen que me adelante a los acontecimientos, porque entonces esto sería toda una estafa. Vamos por partes, y como siempre, el primer elemento que debemos tomar en cuenta es al autor.

Un poco acerca de Madeline Miller, como debe ser

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Madeline Miller es una de esas escritoras que brillan por lo listas que son. Debutó en el 2011 con la publicación de su primera novela, La canción de Aquiles. Gracias a este trabajo, se coronó como ganadora del Premio Orange en la categoría de Ficción, siendo la cuarta en obtener dicho galardón con una novela debut.

Nació en Boston, en 1978. Vivió su infancia y juventud entre la ciudad de Nueva York y Filadelfia, ¡con todo el glamour! Tras graduarse de la Universidad de Brown con pregrado y maestría en Literatura Clásica, esta joven cerebrito de las letras comenzó a dictar clases de griego, latín y literatura shakesperiana en varias escuelas secundarias de la zona.

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A la edad de 28 años, con una intensa pasión por la épica griega y algo de tiempo libre, Madeline comenzó a trabajar en su gran obra. Tras diez años de arduo trabajo culminó La Canción de Aquiles, novela que la catapultó hacia la fama.

A pesar de su éxito en ventas y la asombrosa recepción del público a su envolvente y hermoso discurso —que simula de manera impresionante la belleza de los poemas de Homero—, no ha publicado mucho más: un cuento corto, Galatea, y la novela Airplanes —junto con Dean Miller—, ambos publicados en 2013.

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¿De qué va la historia?

Soy muy mala haciendo sinopsis, así que le pedí a Goodreads que me ayudara un poco con eso:

Dioses, héroes y hombres en un mundo aparentemente gobernado por el Destino. La más grande epopeya de nuestra civilización sigue presente hoy más que nunca. El joven príncipe Patroclo mata por accidente a un muchacho. Repudiado por su padre, es exiliado al reino de Ftía, donde lo acoge el rey Peleo, un hombre bendecido por los dioses. Tanto que se le concedió el más alto honor, la posibilidad de engendrar un hijo con una diosa: Aquiles. Es fuerte, noble, luminoso. Patroclo no puede evitar admirar hasta el último de sus gestos; su belleza y perfección hacen que sea incapaz de contemplarlo sin una punzada de dolor. Por eso no se explica que Aquiles lo escoja como hermano de armas, un puesto de la más alta estima que lo unirá a él por lazos de sangre y lealtad, pero también de amor. Así emprenden juntos el camino de la vida, compartiendo cada instante, cada experiencia, cada aprendizaje y preparándose para el cumplimiento de una profecía: el destino de Aquiles como mejor guerrero de su generación. 

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Si aún no la has leído, puedes descargarlo haciendo click aquí.

Un trabajo bien documentado

Yo no sé demasiado acerca del mundo homérico —tan sólo un poco más de lo que aprendí en la escuela—, por lo que no podía tener una idea precisa de qué tan apegado a la historia original era el trabajo de Madeline Miller. Sin embargo, como está dentro de la categoría de novela histórica —y además ha tenido muy buenos comentarios en este aspecto— me hice ciertas expectativas que, como principiante, quedaron satisfechas.

Coincido con muchas opiniones publicadas en la web: la novela está muy bien documentada. Para hablar de este punto, creo que es justo y necesario hacer referencia al sitio web Portal Clásico, donde Luís Manuel López hizo una reseña bastante completa al respecto.

“No debemos olvidar que el ciclo troyano no está compuesto por una única obra, sino por un enorme catálogo de escritos en diversos géneros y de diversas épocas que cuentan la gran epopeya que tuvo como elemento central el asedio y la destrucción de la ciudad de Troya. Por este motivo, resulta muy difícil para un autor moderno recopilar todos los datos necesarios para reconstruir esta historia. Es fácil caer en errores y contradicciones; un defecto que no podemos achacar a Madeline Miller.” (López, 2013).

Madline Miller ciertamente hizo un trabajo estupendo, por algo le tomó aproximadamente 10 años escribir la novela. Muchos de los eventos de la Ilíada están allí, contados desde una perspectiva diferente más fresca. Sin embargo, he de volver a rescatar las palabras de López, pues no todo debería ser aplausos. Tan pronto como comencé a leer, me pareció muy hermosa la relación de Aquiles y Patroclo… y al mismo tiempo, algo no encajaba. Al menos no en el mundo que se nos pinta originalmente en la épica griega.

Su relación parecía demasiado moderna para la época, más apegada a una pareja homosexual de concepción actual que la de aquella época. No trataban con mujeres, eran monógamos… no sé. Me parece poco realista pensar que Aquiles fuera casi violado por Deidamia (Op. cit, 2013) .

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Claro, todo eso si nos enfrascamos en comparar el contexto de esta novela con el contexto original de la historia. Yo sólo pude darme cuenta de este aspecto cuando leí la reseña de Luís Manuel López, pues no sabía que “La canción de Aquiles” estaba oficialmente dentro del género de novela histórica.

Lo cierto es que, como leí la novela ignorando aquel detalle, continuaré hablando de este libro por lo que es en realidad: otra historia, otra versión, una adaptación. De esta manera, puedo escupir mi amor por esta historia apropiadamente. Y eso es lo que haré a continuación.

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Lanzas que fueron a parar directo en mi corazón

Ciertamente el aristós achaion tenía muy buena puntería, pero TIPA también. No sé si haya algo de lo que pueda quejarme en este libro, y lo digo de antemano. Así que si lo que estabas buscando era una crítica despiadada, te recomiendo hacerlo en otra parte. Cada oración de este libro es pura belleza, incluso cuando habla de cadáveres y de tripas al aire.

La prosa de los griegos, la prosa bella

Lo hermoso adquirió un nuevo significado para mí con la prosa de La canción de Aquiles. Es una lectura muy cómoda y fácil de hacer, a pesar de que el lenguaje empleado —con el fin de transportar al lector a aquella época de grandes hazañas épicas, príncipes y dioses griegos— no es del todo común y hace falta investigar algunas palabras para comprenderlo a la perfección. Es una de esas prosas que me fascinan por combinar dos cosas que a primera vista parecen agua y aceite: simpleza y carga estética.

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Todos recordarán haber leído al menos un fragmento de La Ilíada, los versos de Homero no son algo que se pueda olvidar fácilmente. En La canción de Aquiles ocurre algo similar: parece un poema, pues cada oración suena hermosamente con la siguiente. No sé exactamente cómo explicarlo.

Son las imágenes y aromas que evoca, los gestos de los personajes, el aceite de olivo y las pieles doradas tostadas por el sol… ahora puedo entender a lo que se refiere Héctor Torres, un muy buen cuentista y cronista de Venezuela, acerca de la musicalidad de las palabras.

Se encontraron dos niños, se amaron dos hombres

Desde el principio, Miller hace de las suyas para ablandar nuestros patéticos corazones. Nos muestra a ese pequeño y torpe príncipe Patroclo, considerado patético por su propio padre. Un personaje que se ve tan pequeño a sí mismo. Luego, lo mezcla con esta brillante y cegadora presencia: Aquiles, el niño perfecto. Su encuentro se dio por muchas vueltas del destino, y al mismo tiempo pareció increíblemente natural.

Piénsenlo: llegas como esclavo al castillo de un príncipe guapo y rubio. Obviamente, como mínimo, tienes que admirarlo mientras éste no se da cuenta. Patroclo bien pudo haberlo adulado como todos los otros niños —porque en el fondo estaba igual de impresionado que los demás—, pero ese desde el principio no pareció su estilo. Y como Aquiles era Aquiles, quería la adoración de todos. Vamos, ¿que no han visto esta situación antes? Para quedarte con el chico guapo, sólo debes hacerte el indiferente.

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Así fue, en líneas generales al menos, como Patroclo enganchó a Aquiles. Luego crecieron juntos, como hermanos… o bueno, dudo que se hayan visto como hermanos. Desde el principio la atracción de Patroclo hacia Aquiles fue evidente, pero fue muy dulce la forma en la que ambos se descubrieron el uno al otro y crecieron los sentimientos más profundos y adultos.

Luego están los días con Quirón, donde todo se convirtió en una historia adorable, como si nada pudiese perturbar aquella paz. O sí, en realidad. Mientras ellos vivían en la montaña, yo no podía dejar de pensar: “¿Saben? Esto es demasiado perfecto… algo muy malo está por suceder”.

Y tuve razón, porque inmediatamente explotó lo de la guerra de Troya.

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No voy a contar todo lo que sucedió después. Si ya leíste el libro, me parece innecesario; si no lo has leído, deberías escuchar todo aquello de Madeline Miller y no de mí. Les aseguro que ella lo cuenta mucho mejor. Lo que sí me permito decir es que ambos personajes, por todo lo que son y de lo que carecen, hacen click en todo momento. Su relación nunca parece forzada por los caprichosos hilos que maneja un escritor. Como ya les dije, es todo muy natural.

La transformación de Aquiles

Algo muy común —y necesario— en una historia es la evolución de los personajes. En este caso, muchos de ellos cambian durante esos diez años en que los ejércitos de Agamenón, Áyax, Ulises y los demás reyes conviven a la espera de la invasión de Troya. Pero la transformación más drástica es sin duda alguna la de Aquiles. El joven hermoso que toca la lira se convierte definitivamente en el aristós achaion que todos esperaban que fuera, ese guerrero capaz de atravesar a cientos de hombres con su lanza como haciendo pinchos a la parrilla.

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En un principio, cuando fui consciente de que la transformación estaba comenzando a ocurrir, me impacté con esa imagen de Aquiles volviendo del primer combate contra los pueblos a las afueras de Troya: con la lanza cubierta de sangre desde la punta hasta la empuñadura. Fue imposible para mí no compararlo con aquellos días junto a Quirón y Patroclo, viviendo y aprendiendo de la naturaleza en lo profundo de la montaña.

Probó la sangre, y le gustó. Podía luchar con todo su potencial cuando tenía quince o veinte hombres a su alrededor. No tenía por qué contenerse más. Podía dejarlo salir.

channing-let-it-go-2-97765a5f-209c-467e-b42e-5ea67384347eEn aquel momento, aún no era tan malo. Quiero decir, el muchacho estaba luchando por la causa de la guerra. Sin embargo, todo recuerdo de amabilidad y dulzura se quiebra como un vidrio en el momento en que Agamenón mancilla su honor al querer tomar a Briseida —que era su trofeo de guerra— como compensación por devolver a la hija de Crises a su padre. Aquel sujeto que es consumido por su propia cólera, que deja morir a sus aliados sin mover un solo dedo para ayudarlos, ya no es el mismo que danzó disfrazado de mujer entre las bailarinas de Deidamia o que salvó la vida de las esclavas del campo de concentración.

El mismo Patroclo incluso lo reconoce al darse cuenta: a ese hombre cruel y lleno de resentimiento no lo conocía.

La muerte de Patroclo

Es increíble como el discurso pierde toda esa hermosa esencia griega cuando Héctor desgarra con su lanza las tripas de Patroclo. En serio, no lo digo sólo porque sea Patroclo, a quien —por cierto— yo también amaba con locura. I feel you, Briseida.

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Las imágenes hermosas, los aromas dulces, el aceite de olivo y las pieles doradas tostadas por el sol se toman unas vacaciones. Se pierde la vida y brillo, así como Patroclo. Durante todo el tiempo en que Aquiles se prepara para vengar a su amante, mata a Héctor y humilla sus restos, una extraña sensación de muerte invade cada punto y coma de la prosa.

Es especialmente perturbadora, además, la forma en que Patroclo narra esa parte de la historia refiriéndose a sí mismo como el cadáver que se pudre en la carpa de Aquiles. Casi se puede percibir el olor a carne descompuesta.

Sin embargo, luego de que Aquiles es incinerado y se mezclan sus cenizas con las de Patroclo, algo de ese discurso bello vuelve, pero muy sutilmente. Muy melancólico, algo vacío, aún carente de vida. Uno llega a preguntarse si será que de esa forma funciona en verdad la muerte, si los espíritus erran así hasta que se les da paz a sus restos.

mrw-i-got-mad-at-my-dogs-for-barking-so-loud-only-to-find-out-there-was-a-robbery-right-next-door-141927Recordar a alguien de la forma correcta

Si hay algo que valoro muchísimo de las historias es el mensaje que dejan para el lector, más allá de los hechos de la misma. Lo que en el colegio vulgarmente llamaban la moraleja del cuento.

Ciertamente hay mensajes mucho más trascendentes e importantes en esta novela, pero éste en particular fue el que hizo que mi corazón se sintiera tibio: aprender a tomar lo que más tuvo valor de una persona y utilizar todos esos sentimientos para recordarle de la forma correcta. Eso fue exactamente lo que hizo Patroclo para reconfortar el alma de Tetis, quien sentía la culpa de haber perturbado a su hijo llevado a su nieto a la muerte con sus acciones.

No le habló acerca del valiente guerrero Aquiles, quien mató a cientos de miles en el campo de batalla, sino acerca de ese muchacho rubio y hermoso que tocaba la lira con los más ágiles dedos que hubiese visto. Que cantaba como ningún otro. Que hacía malabares graciosamente. Que era bondadoso, leal, divertidamente orgulloso y muy amable. Quería mostrarle a Tetis el Aquiles que él conocía y que él había amado, para que ella pudiese amarlo también.

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Un último gesto de bondad

Las últimas cuarenta páginas del libro son muy fuertes, están llenas de muchas cosas: el duelo de Aquiles, la añoranza y melancolía de Patroclo, el rencor de Briseida, la soberbia de Pirro, la resignación de los reyes griegos que luchaban contra Troya… y eso es tan sólo lo aparente. Mi corazón estaba por explotar.

Sin embargo, no fue hasta que Tetis y Patroclo hablaron a los pies de la tumba de Aquiles que mis lágrimas comenzaron a salir. A lo largo de toda la historia, ambos personajes se odiaron a pesar de su entrega a la misma persona. El objeto de su amor era visto desde perspectivas demasiado diferentes: guerrero o músico, muerte o vida, honor o humanidad. La madre y el amante lo convirtieron en la más hermosa contradicción, pero la muerte parece ser el pegamento más eficiente para enlazar vínculos entre personas. Pregúntenselo a quien quieran.

De cualquier forma, nunca imaginé que sería Tetis la que al final le permitiría a Patroclo descansar para siempre al lado de su hijo. Una muestra de que la calma que precede a la muerte trasciende las barreras del odio.

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El veredicto final

No tengo ninguna queja, lo que me deja con una extraña sensación de vacío. Siempre uso este último espacio para hablar de las cosas que bien podría haber cambiado o mejorado, pero en este caso no tengo la más mínima idea de qué decir. Para mí, todo en esta historia funcionó: documentada, coherente, enternecedora, despiadada. No hay pérdida. Aplausos de pie. Me quito el sombrero hipotético. Recomendada.

5c

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REFERENCIAS

López, L. (2013). “La canción de Aquiles”, una novela de Madeline Miller [Entrada de Blog]. Consultado el 31 de agosto de 2016 en: http://portalclasico.com/la-cancion-de-aquiles-una-novela-de-madeline-miller

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